jueves, 6 de enero de 2011

Principio

Ingramn Pratt

Después de todo este tiempo el viento desolador nos ha enseñado las virtudes excéntricas de los corazones indómitos. Después de todo este tiempo el viento aun sopla dentro de mí como desde un principio lo ha hecho. Después de todo este tiempo el cielo continúa aun en el sitio donde lo deje en aquella tarde de primavera cuando partí.

Puedo darme cuenta que la tierra ha reverdecido los espacios ennegrecidos que dejaron mis pasos llenos de cansancio mientras huía. Veo que el tiempo se detuvo, como siempre lo hizo, cuando me paraba enfrente suyo. Los rostros y gestos de todos ellos continúan en el mismo sitio y con el mismo semblante.

Veo que el cielo aún me mira con esos ojos piadosos de cuidado que solo la maternidad puede lograr. Veo que cada día veo menos y veo lo poco que he dejado de ver.

Y todo quedará al fin, exactamente igual a como lo deje, la siguiente vez que huya de esta tierra mía

Pero el fin del viento se encuentra justamente donde lo deje para poder encontrarlo: en el mismo principio, en el antagonismo de su propio soplo; en la quietud inerte de donde había partido.

De vuelta a este espacio tan mío, tan frío. Regreso de nuevo, una vez más al abismo del viento desolador.

Corazón Torci’o


Ingramn Pratt



Nací con el corazón torcido, enredado en coronarias. Envuelto en grasa de amor. Nací con el corazón torcido, girado con el sol de frente; cargado hacia el lado diestro de mi pecho. Tengo el corazón torcido por falta de valor.

Ayer, en la cáustica sonoridad de los latidos caí de frente al mar de la muchedumbre, de la azucarada realidad de color artificial. Volví la vista su-real hacía la izquierda de mí frontal; vi, viví, volví. Caí de frente, me perdí.

Tengo el corazón partido, por que mi padre el viento me enseño el color de las nubes y el nombre de sus formas, y en una de azul cristal me enrede; y con el tiempo me rompí. Tengo el corazón partido por excesos del amor.

Hoy, en el azul empedrado del suelo te encontré en una razón para esconderme y alejarme en el cobijo de mi padre. De espalda hacia el vacío, por que nací con el corazón torcido.... Por que tengo el corazón partido

martes, 4 de enero de 2011

- Cuando se marchan las Mariposas -

Cuando se marchan las Mariposas
Ingramn Pratt

He vuelto a escuchar ese disco de viejas añoranzas. El soundtrack de mi recuerdos fluye en continuo y ávido transito. Parler d’amour. Esa vieja libreta azul de poemas, escritos, novelas, historias, ideas y desordenes mentales. Suaves y lentos desfilan esos recuerdos. Memoires. Recuerdos de hechos acontecidos en lunas de dos ayeres, de dos traslaciones enteras con sus miles de rotaciones completas. El viejo Disco. La vieja libreta. Las memorias de dulces placeres que morían alternados en el letargo insoluble de mi extinta paz interior. Rouge. Esos ojos que en el paso del tiempo he olvidado pero aun me hacen temblar. Decididamente he olvidado esos ojos, aunque a menudo los recuerdo. Ya no existen, las llamadas indiscretas en búsqueda de soledad acompañada; las noches en velo de cenas exóticas con mal vino. Ya no existen los huesos en mi cadera que sostenían las ataduras limítrofes de mis deseos.

Hemos, somos, sido, todo lo que hemos querido. Pianolas dulces suaves, con ironía latente valsean falsedades implícitas. El viejo libro azul, tristeza. El viejo disco, tristezas.

Despacio y seguro entiendo el eterno movimiento de la fragilidad solemne que existe en su mirada, entiendo la fortaleza de cristal que acompaña sus pasos y entiendo la ironía atónita de su mirar. Puedo entender mas no comprender en las entrañas febriles del corazón un por que. Quisiera acabar todo de un tiro certero a la razón. Fulminar la razón con balazos indómitos llenos de pólvora de amor. Pero no puedo. Me consume la verdad de mi boca, la historia de mi espíritu, la falta de mi razón.

Agudo y filoso. La libreta Azul. Seguro y preciso. Sin meditaciones, seguro y certero como un cuchillo grande y brilloso. Mas adentro, mas adentro. Y silencio abismal. De nuevo seguro y precioso cada vez más adentro de la piel. Sangre comienza a salir. Y se estría el filo de la dermis. Ha salido para asomar su carga sanguínea y encontrar su nuevo sitio a clavarse. Y de nuevo se encuentra adentro. El Viejo disco es testigo y dirige el ritmo. Cansado y demacrado. Sin seguridad y falto de precisión. Respira agitado el agudo y filoso. Ha decido esconderse, ocultarse, dejarse morir.

Burlón y fantasioso. El viejo disco sigue tocando. El viejo vino confunde la lírica de la poética letra que se versa en el aire. Muévete mujer recuerdo de mis entrañas hacia la funda inconfundible de vació y desecho que hago día con día sentado en el mismo lugar. Risas, baile, confusión, noches de antaño, viejos vinos. Sueños mal dormidos. Viejos aparatos ya perdidos. Risas, bailes, cena lista. Risas.

Silva en el cabaret la pianola que compone ciñas en el aire, notas de la vieja libreta azul. Sensualidad en voz. Caemos arrastrados en la pista de baile, e inertes mantenemos el baile con las miradas del recuerdo sabiendo que jamás volverán a ser verdes los campos de nuestra cosecha. Paso, violín, flauta y bajo. De un lado a otro. Ya no pienso en ti, aunque ocasionalmente me hablan de ti.

El viejo disco, la libreta azul. Son parte fundamental de lo que he olvidado, de que te olvidado, aunque siempre piense en ti, ya te he olvidado.

Ya te he olvidado, aunque siempre pienso en ti.