martes, 21 de septiembre de 2010

- A Diario -

Me gusta el sabor de la muerte perdida en el abismo de éste, tu último suspiro. Me gusta el color de tus ojos marchitos y secos de las lagrimas que dejaste escapar esa ultima mañana que estuviste a mi lado. Me gusta el dolor que te causa esa irreverencia; que resulta hoy en día, el eco de mi nombre al socavar en retumbos alegóricos cuando entra por tus oídos. Me gusta por igual la muesca en tu rostro, producto de aquella incomodidad que te causa pensar en mí todo el tiempo. En verdad que lo disfruto. Por que el disfrute de tu dolor, es lo único que me salva. Que me salva de volverme; Yo, un poco loco. Tal vez un poco más de lo normal. Me gusta creer que no regresaras ya. Me gusta creer que siempre me extrañaras….

…Y tal vez sea así.

jueves, 22 de julio de 2010

-Viento-


Sentado, desde aquí, el viento parece una nimiedad latente a todo espacio que posiblemente me quede en la sangre. Juega y se esconde tras las vueltas circundantes en las guías de las plumas de esa lunar ave que revolotea en el azul ensimismado, el azul mezclado del cielo y el mar. Arreamos ese vuelo también como si fuésemos gaviotas inmortales del tiempo, retrocediendo pasos hacia delante nuestro para afrontar el cierzo de un intenso segundo anidado en los ojos muertos de alguna divinidad perdida. Nuestras razones aun continúan andando, deambulando por las callejuelas en que las creamos, caminan danzantes sin dueño esperando afianzarse de alguien más después de que hemos muerto.

Sentado y desde aquí, el silencio corpóreo adquiere matices carnales en cada brisa del sol, como una ráfaga de luz chocando en el vacío. ¿Acaso será la continuidad de silbido eterno esto que escucho? Puede que sea solamente soledad asoleada de tanto sol experimental a través de la botella en efervescencia. Será solamente. Sola mente, la mente juega sola, meramente sola juega la sola mente. Y la brisa deifica de Poseidón se esmera en tiritar las palmas palmeadas, las sembradas bajo mis brazos, arraizadas en la arena de mi pasión. Puedo ver sirenas que me saludan a lo lejos. Intento no caer en los alegóricos cánticos que bien se han encantado a los marineros salados del comando del atardecer. Una se ha acercado ya. El crispado cabello se encuentra seco a pesar del manto de mar. Habla, detenida desde un tronco de trigo sarraceno. Me habla en silencio, como todo a mí alrededor lo hace. Se ha perdido ya la sirena. Duermo.

¿Donde abran quedado esos humores que tenía guardados en el bolsillo derecho de mi ego? Tal vez se habrá quedado en el mismo lugar donde deje a las princesas del trono. Pero regresar por ellos significaría una muerte peor que la que me acontece en este instante. Muy posiblemente significaría tener una razón y perder a la otra. Despierto.

Hablo con el sol. Deja tu luz prendida al anochecer cuando la luna en el espejo se refleje. Temo a la oscuridad, temo y tengo el temor escondido en el verde marino del mar a la noche de los abismos. Deja tu luz encendida y enciéndete de noche cuando te olvidamos atrás del tiempo del un día muerto, y recuéstate en el horizonte mas no te duermas, quédate en vigilia nocturna conmigo que temo a la oscuridad de la noche. Por que en la noche las vírgenes fantasmales de Otelo me orillan al viento desolador de las palabras huecas arrastradas por ese divagante anciano de sonoras cuerdas rotas. Quédate antes de que el instante del momento cero se aluda al eterno giro secuencial de las geometrías cósmicas universales. Quédate sol antes de la luna, quédate antes de la tristeza de sus ojos con espíritu de mujer bivalente. Quédate sol antes del siguiente amanecer.

lunes, 12 de julio de 2010

- Olvido -

Te pongo el ultimo espacio de mí rostro para que pintes en mi esa mascareta de falsedad que inundan los colores vivos. Te doy el ultimo hueco en mi mirada. Acompáñame hasta el final de esta línea, para que pueda yo acompañarte a la puerta, cuando tomes el camino del olvido. Por que una vez que te de el ultimo beso de despedida, será la noche y sus sombras; la noche y sus formas desfiguradas, el recuerdo latente que te quedará de mis palabras uniformes. Te doy entonces ese último espacio que me queda en la soledad latente de un día de primavera. Y te regalo este último minuto de mi llanto de comparsa, acompañado en el vals del viejo disco francés.

Recuerdo aquel humor del tiempo incontinente que me atrapaba entre los muros de tu espacio y tu presencia que se adornaban con el color de tus ojos ennegrecidos por el llanto que no pude nunca consolar. Y el recuerdo se hace vago, como la tinta en un papel humedecido con lágrimas de sal. Escucho aún el vago eco de tus pasos esparcidos en el vacío del pasillo aquel que solíamos frecuentar.

Toma este último instante de mi paciencia antes de que la noche exteriorice mi naturaleza animal, y al aullido de la luna mi deseo pida a reclamo inconsciente el pago de tu sangre mortal.

Y no tengo ya el botón que detona el circuito de tu placer, por que el siguiente instante de tu fruto se ha carcomido ya en mi memoria del olvido. Detenme antes de que el vacío me arroje entre tus brazos una vez más. Dame la luz extinta del túnel para poder huir, para poder correr al abismo de mi soledad, para poder ser quien soy sin ti.

domingo, 11 de julio de 2010

Quedará

Puedo ver la silueta de tu figura, detrás de esta rosa negra, como una flor del mal que crisálida serpentea entre las memorias de una pequeña zábila puesta en la ventana. Y un sol de media noche huele el aire, surcando el espacio lleno de estrellas vacías, de olores secos, de colores muertos. Tu sombra sigue; sigue y sigue, y tu silueta serpentea en el cosmos de la mentira y vanidad. Y yo aquí sembrado en la cotidianeidad de un sueño perdido entre pueblos coloniales y calles posmodernistas, con fachadas de color pastel. Y yo aquí entre la realidad falsa que escogí, para huir de ti. Y tú entre la irrealidad que vives sin mí. Pero morirán el tiempo y el verbo. Morirán tu gobierno de nubes y mi sangre de viento. Moriremos juntos, tu y yo; en el olvido, en la sombra de la memoria de los amigos y del recuerdo de las fotos.

Quedará pues como testigo de nuestro orgullo y nuestro destino, aquel viento que recoge pergaminos caídos de sus altares en los tronos de los árboles, aquel silencio mudo de la silla que persigue tu silueta en cada rincón del espacio en que se respira tu esencia. Solo quedará ese aliento de tu llanto, cuando te fallo el amor, esparcido en el aire del tiempo incontinente; que se pierde con esa paciencia del humo de un cigarro.

Quedará. Algo de mí. Algo de ti. Siempre al final, quedará algo… algo quedará.

Que más queda de este tiempo

…Que más queda de este tiempo…

La irrealidad tirana de estos días es una dulce fragancia que mata toda esencia de banalidad espontánea que en mi habitaba. El sabor de su presencia aun redunda en los rincones de este espacio; la dulzura de esa mirada aun persigue mis ilusiones, ávidas expresiones de emociones. Cada esquina de la silla en que me siento; ésta en que persigue la gravedad mi peso con al afán del suelo; sueña con su figura dibujada en el contorno de sus trazos. Afuera el tiempo es frío y el sol se esconde avergonzado con las nubes de cobijo; es invierno, por dentro y por fuera. La quietud del calor impide la vida, impide mi vida. El viento sopla, ligero, como danzando un vals de medio tiempo a un compás en exceso lento, acaricia rostros y secuestra pergaminos de basura arrastrados por los suelos, caídos de sus altares en las ramas. El viento sopla, y es invierno.

Falta el ruido y su comicidad; solo estamos el eco del teclado y el zumbido de la máquina en que se plasman las ideas. Pero no estoy sordo, más me quejo de locura, juro escuchar la eufonía de sus cantares, voz de alegorías, maravilla de estaciones. Escucho sus palabras viajeras en el tiempo, que me visitan de días anteriores; me confortan y entretienen; sus sueños y deseos me platican. Y como desearía, poder yo ser uno de esos sueños y fantasías; encontrarme atrapado en la jaula de su vida; ser aquel pájaro azul que en su mente habita; un preso en el cosmos de su mente pura y tibia. Me levanto y miro por la ventana en busca de razones. ¿De qué sirven las preguntas cuando no hay consenso de respuestas?, ¿De que sirven las respuestas cuando no hay consenso de emociones? Algo habrá que detone estos tiempos, algo hará que se detengan, infinitamente en un segundo, en la eternidad limitada de un momento. Algo habrá, estoy seguro…Recaigo en la posibilidad utópica de un roce entre sus manos. Con una sonrisa de sarcasmo y mirada de ironía, hago reprimenda a mis antojos, considérome ante sus ojos, un desperdicio inusable sin objeto de recicle; pues bien se que este es mi castigo, mi pecado y mi enmienda; la soledad mi única perspectiva.

En la taza de café se ha un formado ya un hito de recuerdos alrededor de su negrura, amargura placiente, enemiga del sueño, motor de la mente. Todo me recuerdo a ella. En cada paso, en cada historia me la encuentro como fiel espectador de mis memorias. Desearía a veces el don del olvido.

Salí a caminar unos instantes por los pasillos, anidé pasos en los peldaños de las escaleras y el mundo continua igual. Todos en sus imbéciles intentos de ser algo. No dan cuenta que solo son una reminiscencia de un todo, un rompecabezas fragmentado por un ser divino que apenas es un niño y padece desconocimiento de nosotros, sus mortales. Todos caminan con la frente entre sus miedos. En el aire se respira ese antojo de sapiencia por la vida, de conocimiento del futuro; una inocuidad intocable la que llenan sus vacíos. Intento continuar este minuto, para morir en el siguiente. Entiendan todos que morir mil veces es un asombro del hastío por querer seguir viviendo. Y sin embargo hay fragmentos de luz al final del túnel, como espejos en añicos, como espejos en partículas centelleantes. La esperanza renace solo para aquellos que han cerrado los ojos a la verdad. Y abro los ojos ante la esperanza de su alma. Desvanezco mi paciencia por ella, como el humo de un cigarro que se pierde en las moléculas del aire.

¿Qué más queda de este tiempo? Enterrarlo en una fosa en el cierzo de una hora. Olvidarlo por completo y mutar en otros ciegos, que no ven el tiempo pero aspiran el aire con sabiduría. ¿Qué más queda de mi en esta vida?; ¿Una lúcida estrechez de ironía? ¿O será solo que imagino al albedrío jugándome una broma? No lo sé, pero la siento, la siento en cada vena que acompaña a mi sangre en su trayecto a un latido. Qué más queda de este tiempo, sino es que vivirlo…

viernes, 9 de julio de 2010

Ventana

Desnuda el alma te puedo ver desde mi ventana. El sol, el sol acaricia tu rostro cuando comienza el amanecer. Hablar de amor. Platicar de ti y de él sol. Desde aquí, en mi ventana, me atrevo a desnudar tu hombro de su camisón con mi mirada. Y el viento te acaricia con mis dedos de brisa. Hablar de amor. Hablar de ti en el sol. Me atrevo a ir un poco más, hacia el otro hombro de bastión. Ha caído ya el camisón. Y la desnudez latente de tu cuerpo se opaca ante la tranquilidad obvia de tu ser. ¿Que será eso, lo que veo en tus ojos? Ese destello de nulidad incrédula cuando caes en la cuenta de mi ventana. Te has escondido, pero aun puedo verte, desnuda el alma detrás de la cortina de verde satín. Te has escondido para que te busque, lo sé. El sol se esconde ahora tras el brillo de tu cabello mientras te sientas a polvear de maquillaje tu rostro, y desde mi ventana el aroma de tu perfume se cuela entre mis pudores. Suena el teléfono, has ido a contestar. Tu cita te espera. Mi café se ha enfriado y la vista desde mi ventana ya no es buena. Has cerrado la cortina.

Mariposas

Mariposas que se vierten en ríos de intransigencias. Miles de antaños convergidos en deseos sui géneris. Momentos atrapados en redes de espíritus. Cada paso es una arena de un grano al mar de espacios infinitos y de sales cristalinas. Las áreas juegan palabras de trastes en acordes menores de algún azul. Crecemos en una pista de baile que nos insita a morir dentro de un redoble acompañado por un piano maquiavélico y desafinando.

Mira al cielo que pronuncia idiomas en mi nombre por salvarte del terror de mis odios; de tenerte y no encontrarte, de saberte mía sin poder tocarte. Todo pasa. Así tan lento como rápido y mil agonías desfilan en versos árbol de raíz inmaculada. Pasa por delante y queda lento atrás el atroz temor de seguirte amando. Mujer me has desdeñado de la sombra de tus ojos para hacerme un esclavo sin cadenas atadas a tu silueta. Me mataste con mil frases de pretexto para vivir en silencios atrapados por modestias revestidas y adornadas con cortinas de moral y fresco estupor.

Caminar por caminar y el tiempo reinventar. Atormentar al deseo con plausibles ironías e inverosímiles descaros; un nombre repelente de barcazas bautizadas con palabras de diosas olvidadas. Caminar por caminar y acercar films velados en luz obscura sabor tango. Bailar por caminar, hablar por entender, entender que todo es oro. Y el oro nada vale.

Mariposas mortales que se vierten en imágenes de soles a través de la galaxia. Mariposas que recorren tiempos al viento como dioses al muerto. Viajan del polo al sur. De adentro hacia fuera. Seguimos conectados al deseo. Y nos negamos a creerlo.

La luz se refleja en un espejo de mentiras perdidas al abismo azul de mis pasiones; y la tierra tiembla cuando hablo al cañón semivacío. Cuando me detengo a aspirar el agua sin oxigeno como pez que vuela fuera del mar. Tiembla tú, la que te escondes de mí bajo el rostro de otra estrella que te ilumina. Siente mi tremor armónico de ecos sordos en tus ojos al hablarte a los oídos.

Y tus miedos se eslabonan, uno a uno al piso de mis elogios.

Siembro semillas malditas, germinas de odio; para cosechas de sabiduría interpretada. A cada quien reinvento un color amortizado a futuros estigmas. Giro el mundo entre mis manos como inercia andante a galope en estepas auditas dentro mío. Caminar por caminar, y este corazón detener. Sigue viento, sigue. Borra cierzos inconclusos encimados y mimados por este tiempo, por este viento.

Anda pues estepa acorazonaría conquista al sequito de murmullos audibles. Muta esta naturaleza inaudita para trazos ingerentes sin matices a colores de fugas de sol a re menor. Que comience la sinfonía grita elucubrado el grillo director. Late, late, viento desolador por las trompetas compositor. Late, late. Vibra, vibra; que nuestra naturaleza así lo indica. Silencio todos, a escuchar la cacofonía de mis cantares. Viento al tiempo. Late, late. Vibra, vibra.

Comienza a temblar te digo a ti amarga fémina ignorante, comienza a temblar. Por que el eximio pudor de mis ojos ve mas allá del tiempo esparcido de tus poros, no significas misterio alguno por más que intentes allegarte de mascaretas protectoras, mis arcillos ven dentro de ti como elementos aducidos hacia mí. Intentas distraerme con jugarretas en mi frente. Pobre ignorante tú, pobre imbécil yo.

Y el carruaje anida camino sobre las piedras.

Cubismos cuadriformes en geometrismos inconformes de sus ángulos y perezas, de sus líneas incestuosas. Maravillado por rectitudes alcanzables desmarco líneas de trazos invisibles. Y me dejo morir, a pasos enmarcados, arriba y abajo; a verdades infructuadas; a silencios majestuosos. Y me dejo vivir, sin querer morir en falsas expectaciones. Mis inauditas pasiones por la vida rebasan de sobre manera mis ganas por vivirla.

Las lámparas en alumbrado de la noche, iluminan oculto el espacio destinado al vació, relleno de mundanos sentimientos, de carnales deseos. Nuestros. Tuyos. Míos.

Parado al píe de la ventana, los cuerpos caminan unidos a la inercia de cada día. Picaporte empedrado de la callejuela, rompes ruedas del carruaje en que viajamos y el viaje se detiene; para el andar y no continuar. Andar por caminar y el viaje detener. Faltas que cometen, que se comenten y los pecados nos acontecen. Como jarrones en el agua, como flores en el suelo. Cada uno de tus cabellos se enreda a la luz de paso al sol.
Detenemos a probarnos el sabor de los brebajes y sabiduría. Peligros perdidos en excéntricas antagonías, azules, rojas, rosas; sequitos de visión al paso exento de ilusión. Nos hace falta vernos por dentro para amarnos por fuera.

Recuerdo banderas tricolores de naciones que he creado. Y mueren ante mí las banquetas que gobiernan las aceras que les antecedieron. Callados todos que esto es un pasaje de paso sin retorno a la entrada; muda una estancia, nada más que un pasillo para caer y dejarse arrastrar.

Y tu esencia se pierde a cada paso, a cada palabra.

Mariposas que vuelan dentro órgano mío cada vez que te saludo. Mariposas en redes atrapadas a la distancia enumerada en pasos entre los dos. Y vuelan, laten, mueren. En el corazón se detienen para anidar sus tumbas.

Puedo ver el destino cristal de los ojos que te miran muertos al ocaso sol de sus montañas, escondidas en tus deseos. Mantienen aun esperanza ferviente de crear sentimientos en tus manos, como yo creé pasiones en tus dedos.

Mariposas que vuelan y que mueren. Mariposas que pasan y se detienen. Nos tocan. Nos acercan. Nos Unen y nos alejan.