jueves, 22 de julio de 2010

-Viento-


Sentado, desde aquí, el viento parece una nimiedad latente a todo espacio que posiblemente me quede en la sangre. Juega y se esconde tras las vueltas circundantes en las guías de las plumas de esa lunar ave que revolotea en el azul ensimismado, el azul mezclado del cielo y el mar. Arreamos ese vuelo también como si fuésemos gaviotas inmortales del tiempo, retrocediendo pasos hacia delante nuestro para afrontar el cierzo de un intenso segundo anidado en los ojos muertos de alguna divinidad perdida. Nuestras razones aun continúan andando, deambulando por las callejuelas en que las creamos, caminan danzantes sin dueño esperando afianzarse de alguien más después de que hemos muerto.

Sentado y desde aquí, el silencio corpóreo adquiere matices carnales en cada brisa del sol, como una ráfaga de luz chocando en el vacío. ¿Acaso será la continuidad de silbido eterno esto que escucho? Puede que sea solamente soledad asoleada de tanto sol experimental a través de la botella en efervescencia. Será solamente. Sola mente, la mente juega sola, meramente sola juega la sola mente. Y la brisa deifica de Poseidón se esmera en tiritar las palmas palmeadas, las sembradas bajo mis brazos, arraizadas en la arena de mi pasión. Puedo ver sirenas que me saludan a lo lejos. Intento no caer en los alegóricos cánticos que bien se han encantado a los marineros salados del comando del atardecer. Una se ha acercado ya. El crispado cabello se encuentra seco a pesar del manto de mar. Habla, detenida desde un tronco de trigo sarraceno. Me habla en silencio, como todo a mí alrededor lo hace. Se ha perdido ya la sirena. Duermo.

¿Donde abran quedado esos humores que tenía guardados en el bolsillo derecho de mi ego? Tal vez se habrá quedado en el mismo lugar donde deje a las princesas del trono. Pero regresar por ellos significaría una muerte peor que la que me acontece en este instante. Muy posiblemente significaría tener una razón y perder a la otra. Despierto.

Hablo con el sol. Deja tu luz prendida al anochecer cuando la luna en el espejo se refleje. Temo a la oscuridad, temo y tengo el temor escondido en el verde marino del mar a la noche de los abismos. Deja tu luz encendida y enciéndete de noche cuando te olvidamos atrás del tiempo del un día muerto, y recuéstate en el horizonte mas no te duermas, quédate en vigilia nocturna conmigo que temo a la oscuridad de la noche. Por que en la noche las vírgenes fantasmales de Otelo me orillan al viento desolador de las palabras huecas arrastradas por ese divagante anciano de sonoras cuerdas rotas. Quédate antes de que el instante del momento cero se aluda al eterno giro secuencial de las geometrías cósmicas universales. Quédate sol antes de la luna, quédate antes de la tristeza de sus ojos con espíritu de mujer bivalente. Quédate sol antes del siguiente amanecer.

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