Mariposas que se vierten en ríos de intransigencias. Miles de antaños convergidos en deseos sui géneris. Momentos atrapados en redes de espíritus. Cada paso es una arena de un grano al mar de espacios infinitos y de sales cristalinas. Las áreas juegan palabras de trastes en acordes menores de algún azul. Crecemos en una pista de baile que nos insita a morir dentro de un redoble acompañado por un piano maquiavélico y desafinando.
Mira al cielo que pronuncia idiomas en mi nombre por salvarte del terror de mis odios; de tenerte y no encontrarte, de saberte mía sin poder tocarte. Todo pasa. Así tan lento como rápido y mil agonías desfilan en versos árbol de raíz inmaculada. Pasa por delante y queda lento atrás el atroz temor de seguirte amando. Mujer me has desdeñado de la sombra de tus ojos para hacerme un esclavo sin cadenas atadas a tu silueta. Me mataste con mil frases de pretexto para vivir en silencios atrapados por modestias revestidas y adornadas con cortinas de moral y fresco estupor.
Caminar por caminar y el tiempo reinventar. Atormentar al deseo con plausibles ironías e inverosímiles descaros; un nombre repelente de barcazas bautizadas con palabras de diosas olvidadas. Caminar por caminar y acercar films velados en luz obscura sabor tango. Bailar por caminar, hablar por entender, entender que todo es oro. Y el oro nada vale.
Mariposas mortales que se vierten en imágenes de soles a través de la galaxia. Mariposas que recorren tiempos al viento como dioses al muerto. Viajan del polo al sur. De adentro hacia fuera. Seguimos conectados al deseo. Y nos negamos a creerlo.
La luz se refleja en un espejo de mentiras perdidas al abismo azul de mis pasiones; y la tierra tiembla cuando hablo al cañón semivacío. Cuando me detengo a aspirar el agua sin oxigeno como pez que vuela fuera del mar. Tiembla tú, la que te escondes de mí bajo el rostro de otra estrella que te ilumina. Siente mi tremor armónico de ecos sordos en tus ojos al hablarte a los oídos.
Y tus miedos se eslabonan, uno a uno al piso de mis elogios.
Siembro semillas malditas, germinas de odio; para cosechas de sabiduría interpretada. A cada quien reinvento un color amortizado a futuros estigmas. Giro el mundo entre mis manos como inercia andante a galope en estepas auditas dentro mío. Caminar por caminar, y este corazón detener. Sigue viento, sigue. Borra cierzos inconclusos encimados y mimados por este tiempo, por este viento.
Anda pues estepa acorazonaría conquista al sequito de murmullos audibles. Muta esta naturaleza inaudita para trazos ingerentes sin matices a colores de fugas de sol a re menor. Que comience la sinfonía grita elucubrado el grillo director. Late, late, viento desolador por las trompetas compositor. Late, late. Vibra, vibra; que nuestra naturaleza así lo indica. Silencio todos, a escuchar la cacofonía de mis cantares. Viento al tiempo. Late, late. Vibra, vibra.
Comienza a temblar te digo a ti amarga fémina ignorante, comienza a temblar. Por que el eximio pudor de mis ojos ve mas allá del tiempo esparcido de tus poros, no significas misterio alguno por más que intentes allegarte de mascaretas protectoras, mis arcillos ven dentro de ti como elementos aducidos hacia mí. Intentas distraerme con jugarretas en mi frente. Pobre ignorante tú, pobre imbécil yo.
Y el carruaje anida camino sobre las piedras.
Cubismos cuadriformes en geometrismos inconformes de sus ángulos y perezas, de sus líneas incestuosas. Maravillado por rectitudes alcanzables desmarco líneas de trazos invisibles. Y me dejo morir, a pasos enmarcados, arriba y abajo; a verdades infructuadas; a silencios majestuosos. Y me dejo vivir, sin querer morir en falsas expectaciones. Mis inauditas pasiones por la vida rebasan de sobre manera mis ganas por vivirla.
Las lámparas en alumbrado de la noche, iluminan oculto el espacio destinado al vació, relleno de mundanos sentimientos, de carnales deseos. Nuestros. Tuyos. Míos.
Parado al píe de la ventana, los cuerpos caminan unidos a la inercia de cada día. Picaporte empedrado de la callejuela, rompes ruedas del carruaje en que viajamos y el viaje se detiene; para el andar y no continuar. Andar por caminar y el viaje detener. Faltas que cometen, que se comenten y los pecados nos acontecen. Como jarrones en el agua, como flores en el suelo. Cada uno de tus cabellos se enreda a la luz de paso al sol.
Detenemos a probarnos el sabor de los brebajes y sabiduría. Peligros perdidos en excéntricas antagonías, azules, rojas, rosas; sequitos de visión al paso exento de ilusión. Nos hace falta vernos por dentro para amarnos por fuera.
Recuerdo banderas tricolores de naciones que he creado. Y mueren ante mí las banquetas que gobiernan las aceras que les antecedieron. Callados todos que esto es un pasaje de paso sin retorno a la entrada; muda una estancia, nada más que un pasillo para caer y dejarse arrastrar.
Y tu esencia se pierde a cada paso, a cada palabra.
Mariposas que vuelan dentro órgano mío cada vez que te saludo. Mariposas en redes atrapadas a la distancia enumerada en pasos entre los dos. Y vuelan, laten, mueren. En el corazón se detienen para anidar sus tumbas.
Puedo ver el destino cristal de los ojos que te miran muertos al ocaso sol de sus montañas, escondidas en tus deseos. Mantienen aun esperanza ferviente de crear sentimientos en tus manos, como yo creé pasiones en tus dedos.
Mariposas que vuelan y que mueren. Mariposas que pasan y se detienen. Nos tocan. Nos acercan. Nos Unen y nos alejan.
Mira al cielo que pronuncia idiomas en mi nombre por salvarte del terror de mis odios; de tenerte y no encontrarte, de saberte mía sin poder tocarte. Todo pasa. Así tan lento como rápido y mil agonías desfilan en versos árbol de raíz inmaculada. Pasa por delante y queda lento atrás el atroz temor de seguirte amando. Mujer me has desdeñado de la sombra de tus ojos para hacerme un esclavo sin cadenas atadas a tu silueta. Me mataste con mil frases de pretexto para vivir en silencios atrapados por modestias revestidas y adornadas con cortinas de moral y fresco estupor.
Caminar por caminar y el tiempo reinventar. Atormentar al deseo con plausibles ironías e inverosímiles descaros; un nombre repelente de barcazas bautizadas con palabras de diosas olvidadas. Caminar por caminar y acercar films velados en luz obscura sabor tango. Bailar por caminar, hablar por entender, entender que todo es oro. Y el oro nada vale.
Mariposas mortales que se vierten en imágenes de soles a través de la galaxia. Mariposas que recorren tiempos al viento como dioses al muerto. Viajan del polo al sur. De adentro hacia fuera. Seguimos conectados al deseo. Y nos negamos a creerlo.
La luz se refleja en un espejo de mentiras perdidas al abismo azul de mis pasiones; y la tierra tiembla cuando hablo al cañón semivacío. Cuando me detengo a aspirar el agua sin oxigeno como pez que vuela fuera del mar. Tiembla tú, la que te escondes de mí bajo el rostro de otra estrella que te ilumina. Siente mi tremor armónico de ecos sordos en tus ojos al hablarte a los oídos.
Y tus miedos se eslabonan, uno a uno al piso de mis elogios.
Siembro semillas malditas, germinas de odio; para cosechas de sabiduría interpretada. A cada quien reinvento un color amortizado a futuros estigmas. Giro el mundo entre mis manos como inercia andante a galope en estepas auditas dentro mío. Caminar por caminar, y este corazón detener. Sigue viento, sigue. Borra cierzos inconclusos encimados y mimados por este tiempo, por este viento.
Anda pues estepa acorazonaría conquista al sequito de murmullos audibles. Muta esta naturaleza inaudita para trazos ingerentes sin matices a colores de fugas de sol a re menor. Que comience la sinfonía grita elucubrado el grillo director. Late, late, viento desolador por las trompetas compositor. Late, late. Vibra, vibra; que nuestra naturaleza así lo indica. Silencio todos, a escuchar la cacofonía de mis cantares. Viento al tiempo. Late, late. Vibra, vibra.
Comienza a temblar te digo a ti amarga fémina ignorante, comienza a temblar. Por que el eximio pudor de mis ojos ve mas allá del tiempo esparcido de tus poros, no significas misterio alguno por más que intentes allegarte de mascaretas protectoras, mis arcillos ven dentro de ti como elementos aducidos hacia mí. Intentas distraerme con jugarretas en mi frente. Pobre ignorante tú, pobre imbécil yo.
Y el carruaje anida camino sobre las piedras.
Cubismos cuadriformes en geometrismos inconformes de sus ángulos y perezas, de sus líneas incestuosas. Maravillado por rectitudes alcanzables desmarco líneas de trazos invisibles. Y me dejo morir, a pasos enmarcados, arriba y abajo; a verdades infructuadas; a silencios majestuosos. Y me dejo vivir, sin querer morir en falsas expectaciones. Mis inauditas pasiones por la vida rebasan de sobre manera mis ganas por vivirla.
Las lámparas en alumbrado de la noche, iluminan oculto el espacio destinado al vació, relleno de mundanos sentimientos, de carnales deseos. Nuestros. Tuyos. Míos.
Parado al píe de la ventana, los cuerpos caminan unidos a la inercia de cada día. Picaporte empedrado de la callejuela, rompes ruedas del carruaje en que viajamos y el viaje se detiene; para el andar y no continuar. Andar por caminar y el viaje detener. Faltas que cometen, que se comenten y los pecados nos acontecen. Como jarrones en el agua, como flores en el suelo. Cada uno de tus cabellos se enreda a la luz de paso al sol.
Detenemos a probarnos el sabor de los brebajes y sabiduría. Peligros perdidos en excéntricas antagonías, azules, rojas, rosas; sequitos de visión al paso exento de ilusión. Nos hace falta vernos por dentro para amarnos por fuera.
Recuerdo banderas tricolores de naciones que he creado. Y mueren ante mí las banquetas que gobiernan las aceras que les antecedieron. Callados todos que esto es un pasaje de paso sin retorno a la entrada; muda una estancia, nada más que un pasillo para caer y dejarse arrastrar.
Y tu esencia se pierde a cada paso, a cada palabra.
Mariposas que vuelan dentro órgano mío cada vez que te saludo. Mariposas en redes atrapadas a la distancia enumerada en pasos entre los dos. Y vuelan, laten, mueren. En el corazón se detienen para anidar sus tumbas.
Puedo ver el destino cristal de los ojos que te miran muertos al ocaso sol de sus montañas, escondidas en tus deseos. Mantienen aun esperanza ferviente de crear sentimientos en tus manos, como yo creé pasiones en tus dedos.
Mariposas que vuelan y que mueren. Mariposas que pasan y se detienen. Nos tocan. Nos acercan. Nos Unen y nos alejan.
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