Desnuda el alma te puedo ver desde mi ventana. El sol, el sol acaricia tu rostro cuando comienza el amanecer. Hablar de amor. Platicar de ti y de él sol. Desde aquí, en mi ventana, me atrevo a desnudar tu hombro de su camisón con mi mirada. Y el viento te acaricia con mis dedos de brisa. Hablar de amor. Hablar de ti en el sol. Me atrevo a ir un poco más, hacia el otro hombro de bastión. Ha caído ya el camisón. Y la desnudez latente de tu cuerpo se opaca ante la tranquilidad obvia de tu ser. ¿Que será eso, lo que veo en tus ojos? Ese destello de nulidad incrédula cuando caes en la cuenta de mi ventana. Te has escondido, pero aun puedo verte, desnuda el alma detrás de la cortina de verde satín. Te has escondido para que te busque, lo sé. El sol se esconde ahora tras el brillo de tu cabello mientras te sientas a polvear de maquillaje tu rostro, y desde mi ventana el aroma de tu perfume se cuela entre mis pudores. Suena el teléfono, has ido a contestar. Tu cita te espera. Mi café se ha enfriado y la vista desde mi ventana ya no es buena. Has cerrado la cortina.
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