domingo, 11 de julio de 2010

Quedará

Puedo ver la silueta de tu figura, detrás de esta rosa negra, como una flor del mal que crisálida serpentea entre las memorias de una pequeña zábila puesta en la ventana. Y un sol de media noche huele el aire, surcando el espacio lleno de estrellas vacías, de olores secos, de colores muertos. Tu sombra sigue; sigue y sigue, y tu silueta serpentea en el cosmos de la mentira y vanidad. Y yo aquí sembrado en la cotidianeidad de un sueño perdido entre pueblos coloniales y calles posmodernistas, con fachadas de color pastel. Y yo aquí entre la realidad falsa que escogí, para huir de ti. Y tú entre la irrealidad que vives sin mí. Pero morirán el tiempo y el verbo. Morirán tu gobierno de nubes y mi sangre de viento. Moriremos juntos, tu y yo; en el olvido, en la sombra de la memoria de los amigos y del recuerdo de las fotos.

Quedará pues como testigo de nuestro orgullo y nuestro destino, aquel viento que recoge pergaminos caídos de sus altares en los tronos de los árboles, aquel silencio mudo de la silla que persigue tu silueta en cada rincón del espacio en que se respira tu esencia. Solo quedará ese aliento de tu llanto, cuando te fallo el amor, esparcido en el aire del tiempo incontinente; que se pierde con esa paciencia del humo de un cigarro.

Quedará. Algo de mí. Algo de ti. Siempre al final, quedará algo… algo quedará.

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